Alfareros del Lenguaje

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Cotorras, Agapornes y Urracas VS Jilgueros, Gorriones, Mirlos

Fernando CottaPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 18:48:32

No soy Félix Rodríguez de la Fuente, de eso pueden estar seguros, entre otras cosas porque hace mucho que nos dejo. Tampoco un empecinado defensor de los derechos de los animales, me gustan, les disfruto, les quiero, ¡ pero oigan !, ¡ también me los como !, en especial porque forman parte de la pirámide alimenticia, de la misma forma que las tórtolas, palomas torcaces, pollo y su fémina compañera, codornices, perdices, etc, etc.

Ave que vuela ¡ a la cazuela ! Digoles esto, porque quizás..., tal vez..., es posible que fuera prudente empezar a poner coto a esas verdes o coloridas aves que tienen la potestad de anidar en lo mas alto de los arboles de las ciudades, ¡ de momento !, que en la Casa de Campo ya son mayoría absolutisima, y además independentista, ¡ que si, que así es !, si no miren y observen cuantos lindos jilgueros, gorriones y otros bellos pájaros quedan por sus pedanías y verán que casualmente, ya no se les oye y por supuesto, apenas se les ve.

Al igual que en Lanzarote, donde este año me sorprendió ver una comunidad gatuna enorme a su libre albedrio y por su esencia felina y juguetona, ni uno solo de los autóctonos lagartos o salamandras blancas, por cierto, "símbolo de esa tierra", les digo...

Señoras y señores animalistas, los gatos deben estar en sus casitas, bien cuidados, alimentados y dicho ya sea de paso, ¡ vacunados ! contra lo que haya de ser, pero no es así allí andan como miau por su casa, ocupando los reales paseos de viandantes dando salto a diestro y siniestro, mientras torturan a un hermoso reptil oriundo de la zona, ¡ pero claro !, no esta bien visto que a estos bellos y simpáticos animalitos, ¡ cuando ellos quieren !, ¡ por supuesto !, se les de un placido hogar a estos miles de turistas, que viendo además en su esencia al peor enemigo de los saurios conejeros como acaban con ellos, se entretienen dándoles de comer en la misma calle. ¡ Lo que hay que ver!.

Pensaba que este país era avanzado en estos lares, pero veo que como es políticamente incorrecto, ni Dios toma cartas en el asunto, por lo que yo mismo les digo. Cuando ya no queden lindezas que nos canten por las mañanas el pio pio, o nos deleiten con dulces canciones a vivo pico para con dulzura despertarnos del profundo sueño y natural amor de la cama, cuando al abrir la ventana no se escuche otro canto que cotorreo de esos verdes o coloridos y cabrones pájaros, que para comer y trabajar poco, aprovechan para alimentarse de los tiernos huevecillos de mirlos, jilgueros que ya no quedan, gorriones que muy pocos, alondras, abubillas, abejarucos, acentores, agachadizas y demás plumipedos al alcance de urracas y aceitunadas una y coloridas otras criaturas volantes, ¿ que dirán ? Quizás y con sorpresa, tomen conciencia de la realidad y suelten: ¡ Alarma, están desapareciendo las especies autóctonas !, ¡ hay que repoblar ! ¡ Manda narices !, será entonces cuando el Estado tome constancia del problema y empiece a soltar millones de nuestros euros para paliar aquello, que ya no hay forma de detener.

¿ No será mejor empezar ahora, que esperar a ver como nos despejan de lo que es nuestro ? Esos pájaros que en su tiempo algunas personas, por no poder aguantar su eterna forma de comunicarse, prefirieron soltarlos por pena en la calle, antes de pensar en que pasaría si lo hacían, nos han creado un problema ¡ Digo yo !, porque la verdad, se me rompe el corazón como a tantos y tantos otros cuando salgo a la calle y no escucho nuestra natural naturaleza, el cantar de un ruiseñor o de un mirlo, jilguero en primavera, aguantar la cháchara de esos bichos que muy bien pudieran estar en su justo y merecido sitio, ¡ en una real cazuela !.

Vayan pensando que todo a la vez no hay cuerpo que lo aguante, la comunidad de aves de esta índole esta aumentando a ritmo descontrolado, y esto... ¡ esto ni puede, ni debe ser !

¿ Se acuerdan de nuestros preciados crustáceos decápodos, esos hermosos cangrejos de rio con gran cola, poca coraza, buen bocado y sabrosa carne ?, pues para quien no lo sepa, ¡ ya no quedan !, no los hay porque no se procedió a tiempo para eliminarlos, ¡ así son las cosas !, lo mismo que ocurrirá si de una vez por todas el ICONA o quien tenga potestad para ello, no pone limite al destrozo que están causando. Dejar rienda libre para que pasen a formar parte de la mesa seria una buena Ley, ¡ si es que esos bichos se pueden comer !, ¡ claro esta !.

¡ Ah!, como recordatorio a esos que probablemente me estén llamando cruel y sanguinario asesino de aves indefensas, que soy incapaz de matar a una puñetera mosca, salvo cuando empiezan a tocarme los arrimaos, ¡ por supuesto !

Ya de paso, que esas personas que han tenido el valor, ¡ porque hay que tenerlo !, de dejar en libertad a una especie invasora por no llevarlo a un sitio especializado y por supuesto, no ser capaz de escuchar ese sonoro e indescriptible charloteo de bichos con plumas sin escrúpulos en su propia casa, que por favor, antes de hacer semejante barbaridad piense en el resultado final, porque aunque los cazadores ya se encargan de eliminar el exceso de animales y mantener el ecosistema, con esos pájaros no pueden, ¡ están protegidos ! ¡ Vaya, vaya, vaya tela !




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Capitulo IV. La Presentación

Fernando CottaPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 13:26:03

El público comenzó a entrar en la sala adaptada para la ocasión, hasta el punto de ocupar todas las sillas, y pedir más prestadas y aún así, al fondo quedó parte de la asistencia a vivo pie y piernas para aguantar la formación.

El espacio iba estrechándose continuamente, tanto que las cámaras de las afamadas televisiones y los periodistas de los diarios más prestigiosos empezaban a quedarse sin sitio, algo impensable en el plató, pero qué le vamos a hacer, así son las cosas. El tumulto empezó sentirse muy cómodo, ¡claro!, como que estaban jugando en casa, así cualquiera. Los organizadores al contrario, a mostrarse un poco nerviosos, no estaban acostumbrados a llenar hasta ese punto el espacio dedicado a dar a conocer una obra literaria, ¡vaya tela!, comenzaba la presión, ¡sí, señoras, señores, jovencitas, itos mariposas y otras aves de alta alcurnia!, ¡vive Dios!, y aún faltaba por llegar la nobleza, reinas que fueron antes y jamás dejaron de serlo que dispuestas estaban a ser peregrinas de Santa devoción de doña Juana, que conste que a la loca…, ¡no me refiero!, sino a la Sacristana.

Uno a uno fueron ocupando los sillares del tribunal Don Ignacio León Roldán, la princesa y ahora ya Reina, doña María, Don Rafael Gálvez y se dejó el Olmo y por supuesto y en medio, Don Enrique ¡Ehhhh! de Nicolás, justo como antes se decía y aprovecho para dejarle a ustedes rellenar la lírica y métrica de la rima, allá con sus conciencias. ¡San Juan, San Pedro y…, en medio! ¡Vaya tela señor autor!, que haberle tocado le ha de anfitrión y para aquellos que no conozcan la historia… ya saben, que se la pregunten a él.

El metro en hora punta, línea 10 en Tribunal parecía aquello, ¡eso sí!, nadie empujaba ni tanteaba los hermosos glúteos de su apretada y cercana compañera o al revés, que si los tengo duros es por tanto masajeo de lindísimas y bellas féminas que nada pueden hacer al sentirme a su lado. ¡Por soñar, que no sea!, sigo con la historia, ustedes dispensen, que a veces no soy yo, es la pluma que controlarla no puedo cuando le llega el chispón.

Pero que guapos y guapas estaban los allí pendientes de la oración, especialmente la bella María, que sonrisa en ristre, ¡sin armadura!, como es natural. Por allí se mecían y paseaban los de las rosas revistas del corazón esperando su notición y así fue, en especial cuando todo comenzó.

Don Manolo, alias “el teniente alcalde” inició el pregón, a la forma de Don Baltasar Gracián, por eso de “lo bueno si bueno dos veces bueno” y por si acaso, “y aún lo malo, si poco, no tan malo”, el caso es que nuestro estimado presentador sabiendo que con tanto literato suelto sin amarrar y que además había un especulador de la rítmica sátira asimétrica, decidió ser muy escueto con el discurso y darle la vez a nuestro protagonista a viva voz, que falta no hacía, puesto que a pesar del prieto estado de los allí presentes, se oía hasta la cojonera mosca del fondo del real salón, pero hizo bien, ¡se lo digo yo!, muy bien en apretar el riesgo y dar la alternativa al que estaba situado en medio…

Si corto fue el del segundo regidor, que les voy a decir cuando le tocó al anfitrión. Así como suena, y de refilón, soltó, ¡ahí te va mi querido padrino!, como quien se quita una piedra caliente de en medio y le tocó al representante de la casa de los Gálvez.

Al paso que íbamos los afamados periodistas y la televisión no iban a tener noticia de un renglón ni película para la unión. Pero de pronto…, ¡todo cambió!

Don Rafael, hombre curtido en mil crueles batallas, de las de antes, a sable, fierro y espada, y de las de ahora, pero sin coselete de malla a pecho descubierto y sin más miedo que el valor, inició el mensaje de tan importante presentación. No lo relato entero, porque no es de Ley, pero sí quiero decirles, que ante tan imponente acto, en el que la presencia del ánima de los fieros soldados de los Viejos Tercios y las madre que los parió, era latente, como un auténtico general de generales, cogió sus santos Griales, los presionó, domó y dijo, ¡aquí estoy yo!, ¡hostias, me he pasado…, ¡qué dolor!, y así empezó a soltar la arenga que tan bien a todos nos sentó, ¡tanto!, que por que no había enemigo, ¡si no!, no queda de él…, ni el humor.

Abiertos los ojos de todos los allí presentes ante tan valiente toma de decisión viendo y escuchando atentamente la elocuencia de la conciencia del que sabe lo que dice y de lo que trata, el valedor del ahijado que también sabía de fútbol y en especial de baloncesto, lanzó la bola con efecto al fiero cordobés, terror de los Alcorcojones del Madrid literario y de toda musa que precie su talento. Don Ignacio León Roldán, de una exquisita maniobra se lanzó a por el esférico en una singular estirada a lo Casillas, encasillando al vuelo el momento esperado. Una vez asegurada la pelota cogió pecho hinchando lo que aún le quedaba a base de oxígeno enriquecido con buena verborrea, y lo bordó. ¡Sí señor!, ¡qué gran partido de balón y pié¡, ¡qué rebotes, tientos, retientos, quiebros y requiebros!, en especial al principio para luego dejar el modelo amateur y empezar el profesional. Ahí se acabaron los halagos pitos, tambores flautas y reflautas, para comenzar con lo que se esperaba, el punto de vista de la obra, y breve explicación de cada uno de los relatos de la mano de un auténtico filósofo de la vida, esperanza y libertad.

Doña María Rey sonriente durante todo el acto, tanto que parecía haberse rociado con algún especial maquillaje que fijara el bello gesto, giró su preciada testa, pues sabía que en cualquier momento y sin avisar, entraría en escena y así pasó. De un rugido del León, soltó el testigo sobre su trozo de mesa, y ella, visto que salir corriendo no podía, levantó la cabeza, a todos miró y al muy estilo del sabio señor Gracián y Don Manolo, nos puso en antecedentes de la bella ilustración de “Secretos de Sacristía” la obra del que ahora presto iba a socorrerla, a Don Enrique ¡Ehhh! de Nicolás me refiero. Éste con mando firme y cualidades innatas y desconocidas para el resto, puso en marcha con fluidez sorprendente y muy buena oratoria, la primera parte de la estrategia, dando unos pases, medias verónicas, completas, navarras, delantales, ravoleras, serpentinas y hasta unos propios de su mano, amapolas, rositas, flores, almejas y hasta mejillones. ¡Sí señor!, eso es arte y lo demás…, la suela del zapato.

Finalizada el diestro trabajo de la que sería una larga y corta exposición dejó paso al teatro, fino, contrafino, y bueno hasta hartarse, ofreciendo su capote y alternativa a los tres mosqueteros, con @ porque uno de ellos era mujer.

Comenzó así el narrador travieso, a Daniel me refiero, al que por divina providencia se le erizo el cabello en su centro, de frente a nuca, cual fiero animal que estaba dispuesto a lo que fuera por su objetivo, barba, perilla y bigote a lo new fassion, interpretando el papel y la escena con grandilocuencia, hasta que el turno de la obligada obra llegó a Doña María Luisa, otra excelencia de la comedia que allí se gestaba de la historia de Doña Juana la Sacristana, pieza bella en su esencia de la obra del ahora callado.

Tocole el turno de representación al párroco de la función, en este caso y de la mano de nuestro diestro Julito o Don Julio Valencia Monascillo, que en pequeño despiste situó su espalda cara al público, y es que los nervios hacen su presencia cuando menos te lo esperas y no era para menos, con tanto público y bien apretado razones sobraban, pero no le faltó talento, que lo tiene, así que de vez en cuando con los anteojos a media nariz, dábase la vuelta recitando al oyente directamente, cosa que al final a todos gustó.

Doña Juana mantenía un acalorado e intenso debate con el párroco señor, al que el narrador daba un empaque perfecto en la unión, así y casi al final de la obra, el señor cura sacó una buena ristra de chorizos de su propia cosecha, ¡que por cierto!, vino de perlas, porque hasta santiguarse llegó y a enviarnos a casa todos en paz, ¡como en la iglesia!

El público se tragó el embutido como si parte fuera, con sonrisas y carcajadas que mejoraron aún si cabe la interpretación, hasta que al final y esta vez de nuevo el travieso, simulando los gestos propios del sorprendido, añadió ese mágico tono pícaro y de humor que tan buen sabor de boca a todos nos dejó de la tan inesperada sorpresa que la sacristana se llevó.

Aplausos y aplausos que no cesaban, vítores, cánticos cual final de la copa del mundo de España, ¡a la que ganamos me refiero!, y todos en pie y el resto viendo lo que menos se esperaban, alegría y agradecimiento de ver un acto diseñado con mucho talento, ingenio, humor y amor, ¡el que se había puesto!

Las queridas hermanas del ahora autorizado escritor, pues hasta que no hay algo publicado y debidamente presentado se queda en intento o en un casi, a pesar de haberlos muy buenos por ahí, colocaron la mesa con los volúmenes a la venta y aquello fue “el apoteosis”, ¡que no que yo quiero tres!, ¡ya, pero a mí me hacen falta cinco!, ¡con uno tengo suficiente!, total, que en un pispas, no quedó ni la mesa ni el “apuntaor”, el recién estrenado vendió el camión que allí tenía almacenado.

Bolígrafo en mano, saludando cuan hombre hecho y derecho y acostumbrado, viose deslumbrado ante la fila, ¡perdón!, caravana que había generado de personas de todas las razas, colores y sabores que como locos y locas pedían su autógrafo. Aunque todo hay que decirlo, guardando las formas. Así que al cabo de no sé cuantas horas y agotados tres bolígrafos, con los dedos amoratados y flojera de muñeca, remató la faena.

Cuando nos quedamos solos, periodistas nacionales e internacionales de la prensa, radio, televisión e Internet, eso sí con duros recortes y por ello todo el trabajo quedó en manos de nuestro Abraham y cómo no, en ésta pluma, decidimos ir a Las Tres Chicas buscando un descanso, que merecido lo teníamos.

Allí en el interior de ese increíble local, donde a Rafael le habían colado un gol, que jamás olvidaría, aprovechamos y posamos todos de la mano, que era hora de una buena portada, radiante de felicidad por todas partes, y así el mayor de los Bárcena tomó lo decisión, cargó, apuntó y disparó la gran portada.

Ya en la terraza de noche y con frío, que estas zonas duras para estos menesteres, sentados en las sillas, Julito se empeñó en leer un fragmento a viva voz de La Venganza del Altozano, concretamente una de las cartas de Don Ferrando llamado “El Cateto”, y es que lo disfruta el caballero, ¡tanto!, que vive el personaje que si suyo fuera.

Allí escuchando a nuestro intérprete disfrutábamos de la paz después de un duro día donde todo había cuadrado a la perfección. Tras el relax merecido, decidimos que muy a nuestro pesar, no deberíamos quedarnos a ver el pregón y al pregonero, que por segunda vez tocaba en el mismo regio y ya experimentado don Enrique.

Así que nos repartimos en los coches, pero en esta ocasión Rafa no quiso venir domingo, ¡aún no me lo creo!, con el viajecito que nos dimos, posiblemente sería por si acaso veníamos de vuelta por Almería, y no se lo reprocho, pero esta vez no iba a ser así, puesto que amordacé a los cabronazos de los chinos que nos la habían jugado a base de humor amarillo y a golpe del sentido común y de la orientación de las estrellas, que esas no engañan y de algún que otro cartel que nos encontramos por el camino, llegamos a nuestro destino en un santiamén, incluso con la mitad de una hora por delante de nuestro querido Rafael.

Paramos en los Alcorcojones, en el mismo establecimiento que el de esta misma mañana, las chicas, Altamira y María Luisa aún tenían por delante una dura jornada, regresar al Torrox de Málaga en esa misma noche, y es que los tienen tan bien apretados como los de miura, ¡se lo digo yo!

Dentro de la cervecería, cada uno corriendo como podía a sacrificar el líquido elemento que habíamos acumulado, ¡por favor!, ¡eso lo primero!, así que aligerados del peso, unas y a ellas me refiero, volvimos a cargarlo, pero en esta ocasión a base de colas.

Al fin y a punto de presentar cara a la carretera, llegaron los perros, que así se habían quedado al vernos finalizando con la faena de cumplir nuestros deberes con la sana alimentación y recuperación. Pidieron sus respectivas bebidas, todas ellas acompañadas del preciado tesoro de un buen bocado, dieron tiento a lo que se daba y ya en la calle, la despedida, de las dos mujeres con más cojones del planeta, y en esta ocasión válgame la intención de la palabra, que aunque no sean sus atributos, bien merecido lo tienen, y no por masculino, sino por el tesón y narices que falta hace para meterse a esas horas otros quinientos y un pico más de kilómetros.

Besos, ternura, que derroche de amor, cuánta locura, jajaja, encajan las letras de esa bonita canción, porque así fueron los abrazos agradecidos de todas las partes por un día inolvidable del que todo cuenta, los que fuimos, los que nos esperaban y por supuesto, los habitantes de tan ilustre pueblo, donde los políticos son lo que debe ser, unos amigos más del resto que gestionan los recursos en pos del bienestar y su futuro, incluido y hasta ahora sin nombrar el ilustre señor Don Juan Gómez, el primer regidor.



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Capitulo III. Viandas y otros placeres

Fernando CottaPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 13:20:39

El sol de la mañana habíase centrado en el ecuador y un poco más, pero nos enviaba las radiaciones como si no estuviera de acuerdo con nosotros, o quizás para darme una colleja por haberme equivocado de ruta y por supuesto, no haber sido capaz de calibrar el servicio del carro, que por cierto, digo y afirmo, que no era el de Manolo Escobar.

Llegamos a la vivienda de la familia de Nicolás Cabrero, el mayor de los varones y único. Por cierto, nos recibió con las manos abiertas abriendo la puerta de la estancia dónde íbamos a celebrar la Gran Comida, que no la cena. Digo esto, porque quizás a estas alturas y después de leer todo el viaje, piensen que pueda ser de noche y juro que no se lo reprocho, ¡pero no!, eran un par de horas pasadas del medio día de España, es decir, a eso de las 15:30 o quizás las 16 horas, el momento perfecto para dar rienda suelta a nuestros instintos, ¡perdón!, quería decir intestinos.

Según fuimos entrando nos encontramos la mesa puesta y…, ¡qué grata sorpresa!, aparte del cordero, un político, ambos asados al estilo segoviano. ¡Que vistas, señores y señoras!, ahí estaba el pobre animal dispuesto a entregarse por las buenas para hacer disfrutar a todo el cortejo, después de muerto, ¡claro está y en paz descanse! ¡Vaya detalle!

Cada cual fue tomando asiento, mientras María Santos, Sole y Rosa, por orden de jefatura, comenzaron a servir una ensaladilla casera de esas que te quitan el hipo. Mientras, dos afamados reporteros gráficos grababan las imágenes de tan importante día. Por un lado el ilustre y conocido caballero Abraham, de los de toda la vida, con una caja de registros modelo, la hostia y la madre que la parió, una de esas cámaras profesionales que no se equivocan jamás, si el manipulador sabe utilizarla, ¡faltaría más!, y la conocía a la perfección, y por otro lado, el que redacta, con un chisme plano, eso sí con un pantallón y marca la mordida manzana intentando captar el acontecimiento que allí se celebraba.

Me indicaron varios sitios para sentarme, y ¡por Dios que me placía!, pero…, mis padres me ensañaron a no sentarme el primero, y palabrita del niño Jesús, siempre espero, así que en el lugar que quedó, justo entre los robustos caballeros de la mesa, hoy alargada y a la altura aproximada del treinta por ciento, ¡disculpen los detalles!, que a veces se me va la cabeza por peteneras, pero sirve para ilustrarles la longitud de la mesa…, tomé asiento.

¡Vive Dios!, cómo estaba la rusa, ¡perdón!, quería decir la ensaladilla, no pie mal, y es que en ocasiones cuando hay algo que me gusta con devoción, le pongo tanto, tanto amor…, que intentando describirlo siempre me falta un tornillo, en esta ocasión, la justa palabra que finiquita la definición.

-¿Te pongo un poco más?- Me preguntó Rosa.

Y quien iba a decir que no a la raíz de la declinación de tan bella flor en Latín, ¡por Dios!, pues ala, ¡que sí!, y puso la guinda que faltaba.

Cuando el conjunto de los que allí estábamos remataba el primer plato, nuestro anfitrión levantose de la mesa y tomó la dirección adecuada, hacia el político, con cara de buenas pulgas para los comensales y muy malas para el ejecutado, ¡así son las cosas!, y con una preciosa pieza de la vajilla de la señora María, ¡con dos…!, hizo el evidente signo de Cándido cuando iba a partir el cochinillo. Para aquellas personas que no lo sepan…, partirlo a golpes con el plato. Visto lo visto, salí en defensa de los recuerdos de la familia, porque Enrique, había puesto el ojo y marcaba el entrecejo de forma tan cruel, que estaba dispuesto a acabar de una vez por todas a separar las piezas con la porcelana.

-¡Para Enrique!, que esta tiene muchos años, utiliza la misericordia, que tampoco es para tanto.

Y así hizo, cuchillo en mano, cual frío soldado al que dan una orden de acabar y eliminar al enemigo en pleno silencio, acercó el filo, clavó la punta justo en la nuca y de un certero movimiento…, sin separar la daga del fondo de la cazuela de barro, y en ambas direcciones…, separó la cabeza de Pujolín, que así parecía llamarse, o al menos me daba la impresión.

Nadie aplaudió el momento, pero todos, cada uno de los allí presentes, sabía que en este día, un pobre puerco había servido de modelo. ¡Coño!, disculpen vuestras mercedes, ¡caray!, que a veces sueño despierto.

Decía…, que el ejecutor, separó y dividió la cabeza del resto del cuerpo con una maestría propia de un justiciero de afamados restaurantes segovianos, ¡nada más! No piensen ustedes mal, ¡por favor!

Cada vez que separaba un trozo, el chasquido de la piel nos elevaba al séptimo cielo. El ruido era similar al de una hoja seca cuando es aplastada mientras andamos por el bosque en un soleado día de otoño, o quizás mejor nos sirva como ejemplo, el pan tostado al horno cuando lo masticamos. Aún ahora…, después de cenar y explicando la escena…, se me hace la boca agua.

Pobre animal, qué le vamos a hacer, así son las cosas, es la pirámide de la vida y no hay más, Santo Tomás, por aquí, ¡no!, ¡eh!

En cuanto el diestro finalizó la faena, la familia en pleno empezó de desempeñar la labor que a ninguno nos permitió ejecutar, colocando las porciones del porcino halado y la del corderillo en cada escudilla.

Pepe, una vez sentados todos y dispuestos a hincar el diente a los manjares con tanto cariño preparados y servidos, levantose de la silla y a viva voz, reclamó nuestra atención. Allí soltó lo que dijo, unas perlas unidas que conformaron frases de agradecimiento y cariño por el trato que nos estaban dando, y así sin más, tras el aplauso generalizado de los sentados, sillas e incluso el verde tractor, todos a la una, como en Fuenteovejuna y puestos de acuerdo por no se qué, comenzó la libre adoración al gorrino y al ovino con mucho esmero y gran satisfacción.

¡Que bendición!, cómo estaban aquellas viandas, ¡la madre de Dios!, que junto a la ensaladilla y el vino de nuestro Eloy, habían cubierto y superado las expectativas de cualquier invitado, ¡se lo digo yo!

Moviendo mandíbulas en una y otra dirección estábamos todos. Durante ese momento, juro y perjuro, pero con los dedos cruzados, ¡que equivocarme puedo por devoción al marrano!, que allí no había ninguna voz, más bien lo contrario, chasquidos y sorbos de buen caldo y algún susurro que no levantara la concentración. No era plan y no suele darse, pero por si acaso, que algún mago de la zona le diera por resucitar a los bichos y de pronto salieran del plato a salto de mata. Así que puestos en batalla, mejor dejar los huesos limpios que una vez bien aseados ya nos da igual.

En unos minutos que parecieron segundos no quedaron ni las osamentas del esqueleto, y no era para menos.

Comenzamos con la sobremesa que poco a poco se fue animando recortando el tiempo que nos quedaba para la hora “E”, el momento tan esperado por nuestro querido Enrique, así que viendo como se nos echaba el tiempo encima, decidí tomar la alternativa e ir al grano con un punto que aún no habíamos finiquitado, mejor dicho, dos. El primero de ellos ensayar uno de los relatos de la obra, concretamente “Doña Juana la Sacristana” y el segundo, una entrevista que Altamira debía realizar a nuestra estrella de hoy para colgarla en la sección de grandes maestros de la literatura de los dos Últimos siglos en su página www.compraventaseleccion.com así que viendo el panorama, achuché a la formación y al momento comenzó la función.

En un principio habíamos realizado el reparto de tal manera que de la voz del narrador se haría cargo la garganta de Enrique, para el cura Julito, pero teníamos algunos problemas con la representación de Doña Juana, alma permanentemente en pena por la situación de la juventud actual, pero…, Doña María, la reina del grupo de Alfareros en Alcorcón no parecía muy dispuesta a dar vida a la sacristana, así que empezó el rifi-rafe típico de quien quiere pero no se atreve.

Nombramos a la primera voluntaria, en esta ocasión a la entrevistadora del autor, que encajó correctamente los primeros pases, daba los tonos con seguridad, pero le faltaba voz, así que su compañera de viaje de tierras malagueñas, Doña María Luisa, tomo la alternativa dando ese do de pecho que nos faltaba para cumplir con los requisitos como Dios manda. El encargado de narrar la historia de pronto se opuso a seguir con ella, y no se le ocurrió otro disparate que intentar que el articulista de esta crónica fuera el encargado de llevarla a buen puerto, a lo que respondí:

-Enrique, tengo alto y grave el tono, pero también sabéis que carezco de las entonaciones precisas para dar dulzura y amor a los personajes. Más bien todo lo contrario, en cuanto intente alzar la voz para darles vida, pensarán que estamos a punto de atacar a los moros, lanza y espada en mano y dispuestos a dejarse la piel en defensa de lo que fuere, pues la mía suena más al grito militar de una arenga, que a las palabras que cantan y dibujan en el aire los contenidos y las expresiones de los protagonistas.

Como es de prever, allí que todos me conocían no aplaudieron la decisión por cortesía, pero es la realidad. Le di el testigo a nuestro Pepe, pero en cuanto me di la vuelta ya se lo había dado a Daniel, su hijo, y acertó de pleno. El caballero se puso el disfraz invisible del que describe el acontecimiento del relato y lo hizo a las mil maravillas, así que allí les dejamos, ensayando parte y final de la representación mientras el requerido y futuro afamado de las letras y su entrevistadora se maquillaban en los camerinos, con la intención de ponerse a la altura de los venideros acontecimientos, para el que nos faltaban un par de horillas. Serían aproximadamente 240 minutos pasado nuestro meridiano del mediodía habitual, ¡a la hora de la comida me refiero!

Mientras escuchaba a los artistas ensayando la genial obra, miraba el solar de vez en cuando, la sombra se iba trasladando y que de la zona de maquillaje y otras leches, no salía nadie. Así que rato en uno y otra parte, empecé a dar un poco de prisa a los interesados, que el sol apuntaba cada vez más bajo. Me asomaba una y otra vez a la puerta donde se estaban preparando con un:

-¡Se está haciendo tarde!

-¡Si casi he terminado!, respondía Altamira

-Así llevas ya un buen rato, a este paso necesitas un par de días.

-¡Que sí, que ya voy!

En fin, que les puedo decir a ustedes sobre estos menesteres que todos conocemos sobradamente. Una hora después, la misma que faltaba para la función, salieron ambos humanos perfectamente vestidos y decorados, cual muñeco y muñeca al estilo Barbie de nuestra época, pero en español y por supuesto, con unos años más.

Él con vaquero y camisa a cuadros muy bien planchada, y ella…, como una auténtica musa, a la que solo le faltaba el chisme ese que se ponen las hijas de la Gran Bretaña y también condesas, marquesas de esta España sobre la cabeza para parecer salida de una boda real, creo que se denominaba con el mismo nombre de una tal Anderson, ¡sí!, como la de los Vigilantes de la Playa y que estaba…, ¡cómo estaba la criatura!

En los ciento y pico caballos y no sé cuántas yeguas del carro del escritor, salimos quemando herraduras en dirección el punto natural acordado. Después de tomar la única curva que hay con las cuatro ruedas, aparcó junto al edificio del Ayuntamiento. Nos bajamos y enseguida apareció la concejala de cultura de la villa, Doña Tere, para los amigos, y para el resto, pues también. Tras las presentaciones apareció el comandante alcalde Don Manolo, y en las mismas circunstancias que su compañera de gestión, es decir así para todo el mundo. Desde luego puedo decirles que mi saludo les dejó un tanto extrañados.

-¡Hostias, políticos!, con lo bien que me siento entre ellos.

Enrique que vio el percal y como conocedor que es del extraño sentido de humor que poseo, salió al lance para quitar un poco de tensión.

-No le hagáis caso, que se la va la vaina de vez en cuando, pero además es inofensivo.

Enviada una gran sonrisa y calmadas las aguas, abrieron la puerta del edificio de los regidores del pueblo, ¡pero con llave!, no vayan ustedes a pensar mal, que no todos los políticos son malos, más en estos lugares donde todos se conocen y al final la afinidad a un partido borrico, ¡perdón quise decir político!, viene más porque de algún lado hay que estar, que por otras cosa. Puedo además justificar estos menesteres, porque entre otras cosas los jerifantes de estas minúsculas poblaciones son amigos de todos, incluso de la oposición y desde luego puedo garantizarles, que allí los salarios no son como en otros lares, ¡solo faltaba!, y menos con la historia de que esta villa tiene detrás.

En fin, que entramos en la sala dónde se celebran los plenos, pero no los de los bolos, sino las reuniones típicas de…, esto tenemos y ahora que hacemos, y demás menesteres típicos de los que gestionan los fondos que no son reservados, y empezamos a ver como organizábamos el evento.

Mientras Tere o Manolo, ya no lo tengo claro quien fue, nos traían el proyector, aproveché para poner orden en la sala al más puro estilo de un director de cine. Tu ponte aquí y el allá, colócate de esta o de aquella manera, ese perfil te va mejor, se te está cayendo el gotelé, ¡perdón!, el colorete, ¡que vengan los de maquillaje!, ya saben, cuestiones típicas de las puestas previas en escena. El caso es que una vez situados como auténticas estatuas, uno frente al otro y de perfil a la cámara plana modelo la manzana con un bocado, les puse en antecedentes de la importancia de hacer las cosas con naturalidad, y así pasó, desplegaron tanto encanto campechano, que no había forma de lograr una toma sin carcajadas ni bromas, pero muy en especial la entrevistadora, que mostraba tanta vergüenza ante el hombre cámara que no daba una con las preguntas al entrevistado. Así estuvimos un rato, hasta que encontramos la posición adecuada en la ella, la que podía leer sin ser vista y a tramos finalizamos aquel suplicio.

Empezamos a ver las posibilidades del proyector, pero teníamos un problema con la pantalla, por lo visto no funcionaba correctamente, así nos lo hizo saber la concejala de cultura.

-Enrique, ¿puedes conseguir una sábana blanca y salimos al paso con nota media notable? –Le comenté

En esto entra el ilustrísimo 2º de a bordo, Don Manuel, tira de una anilla que había en la pared, y baja la pantalla fijándola con una herramienta dispuesta para la ocasión. La sorpresa fue mayúscula para todos, pero sobre todo para el articulista, tanto que me salió lo que más temía, una de esas bromas que duelen sin haberlo dicho a propósito.

-¡Pero hombre!, tal vez no sabían que la pantalla solo funciona cuando le da el foco del proyector.

Enrique que escucha, yo que me doy cuenta de la que acabo de soltar, miro a Tere y…, ¡tela! Suerte tuve que el protagonista de esta fiesta intercediera de nuevo por éste narrador, porque si no, me envían directamente como cabestro para guiar a los toros en los encierros. Pedí disculpas y aparentemente aceptadas, continuamos con la preparación de la sala que serviría de “congressus punctum” a todas aquellas personas que querían conocer el libro de relatos. Espero haber empleado correctamente el latinazo que me ha enviado ahora mismo Rosa, que aparentemente ha quedado niquelado.

Puedo decirles que pasé vergüenza propia, que no ajena en los minutos posteriores, hasta que se me acercó el teniente alcalde y le dije:

-Tengo un cuadernillo de Andayquelesdén, que menos que daros una sátira política por la metedura de pata.

Y otra vez introduje piernas con pantalón incluido en el hoyo, ¡vaya día!, y eso que me prometí callar y no abrir la boca. Bueno el caso es que no se lo tomó tan mal, por lo que añadí.

-Toma, éste es, pero te voy a pedir un favor, no te lo leas hasta que me haya ido, que o quiero ser esparring de los hastados.

Clavó sus ojos sobre los míos, dejó ver una cómplice sonrisa y me quedé en paz, porque al fin y al cabo no hubo maldad en los arranques incontrolables de aquel hermoso día.

Ya estaba casi todo listo, proyector enfocado, tribuna, sillas todo perfectamente colocado y a la espera del gran momento, eso sí, en previsión de falta de asientos, nuestra reportera del tres al cuarto y mitad se acercó a bar Las Chicas por si se diera el caso de quedarnos sin monturas suficientes, y así ocurrió, le dejamos sin las imprescindibles butacas de cuatro patas con respaldo al más puro estilo piscina en la terraza, porque no nos esperábamos tanta asistencia, pueden estar seguro de ello.

Como era el momento de liar un cigarrillo de chocolate, me refiero al de los estancos, no vayan a pensar…, que ahora están de moda los sabores en el tabaco, que si vainilla, húmedo, fresco o seco, menta poleo, ¡de este no hay!, pero ya verán como en poco tiempo le hay incluso con aroma a fabada y cordero para antes de la comida, con aroma a melón, sandía en la época, claro está y en el momento del postre, e incluso a mus y dominó, ya lo verán. Al caso, que me quedo sin tinta en la pluma. Les decía que me asomé a la puerta con la intención de llenar los pulmones a base de unas buenas caladas de delicada nicotina con leves toques de alquitrán de Puerto Rico y unas briznas de chocolate caribeño, cuando de pronto puede observar, cómo alguien subía la cuesta del Ayuntamiento y la iglesia en bicicleta impulsándose a base de escorar el volante con violencia y cariño a la misma vez y a ambos lados, ¡pero sin pedales! El manillar era recto, como si alguien se hubiera cabreado y por sus santos talentos hubiera soldado un tubo de acero de metro y medio de largo. El individuo que manejaba el artilugio era propietario de una pericia hecha a base de darse hostias, ¡digo yo!, porque viendo la inclinación del objetivo y que no había fuerza centrífuga que impulsara el invento, subir aquellos veinte grados de pendiente sin utilizar pedales me parecía algo bastante complicado, quizás, todo depende, porque con unos cuantos cubatas es posible que suba sola gracias a la inercia del alcohol, ¡nunca se sabe!

Se estaba acercando el momento cúspide, la hora “E” que tanto pavor causaba a nuestro ilustre escritor cuando empecé a buscar a otro compañero que venía de Valladolid, a José Francisco Sastre me refiero, autor de entre otras cosas de la saga de Calet-Ornay y al entrar en la sala de nuevo me lo encontré de pie y en compañía de nuestros colegas de pluma. Estuvimos dándole un poco a la húmeda, como se decía antes en los barrios chulos de Madrid sobre diferentes temas en cuestión y mira por dónde me dio un relato que obedecía al nombre de Pereza, que en aquel momento no puede leer, pero que más tarde así hice y me sorprendió por la calidad de la escritura, la pasión que había puesto y el contenido. Francamente tuve que darle mi enhorabuena.

Le comenté que se acercaba el momento de colocar a nuestro anfitrión en el tribunal del pueblo, ahí sabríamos tanto él como los demás, si tenía los dotes bien apretados para enfrentarse a sus paisanos y salir por la puerta grande, sin orejas y sin rabo, ¡no vayan ustedes a creer que…,! simplemente es que no sé que decir sobre el diestro, si comento que sale con todos los trofeos igual me tachan de taurino, ¡que no lo soy!, y si hago lo contrario de anti, ¡y tampoco!, así pues dejemos al valiente con todas sus piezas donde antes las tenía colocadas, y si llega el caso, lo pide y es necesario se le castiga con el estiramiento de una de ellas, ¡y ya está!, que siempre es mejor que sobre, ya lo dice el refrán…, a que falte.



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Reseña de Thelma

Ignacio León RoldanPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 13:11:51

Hoy toca la reseña de una libro muy singular, del género narrativa, que se compone básicamente de relatos, que pueden leerse de manera independiente y siendo analizados, todos tienen un trasfondo muy especial, una idea que compartir.

Lo especial de esta obra, es que el escritor, planta una premisa inicial, un personaje: Juan de Dios, que por comienzo parece una historia como muchas, pero es muy fácil descubrir que es algo totalmente diferente y especial.
Su narrativa es clara, directa, pero muy distinta, estoy totalmente de acuerdo con Rafael Gálvez, autor del prólogo, en que este escritor es un novelista nada convencional.

Cada texto que parece independiente se va hilando para dar forma a una trama, a un pasado, que superficialmente parece relatar la historia de una injusticia, pero si se lee con atención, me atrevería a decir que con el corazón, se descubre mucho más.

Cada relato es un canto a la reflexión, cada pagina grita con todas sus fuerzas, como una persona puede ir contra las normas, puede luchar contra el orden establecido, pero no con los fines banales de la política o la obtención del poder, sino para ser, en pocas palabras, libre y feliz siendo el mismo.

En una cascada de palabras se descubre, que seguir lo que el resto del mundo dicta, obedecer a pie juntillas, puede hacer que la música de nuestro interior se calle, pero en nosotros está volver a sentir las notas de esa melodía, esas que marcan quienes somos en realidad, no se trata de ser buenos o malos, se trata de ser, de vivir.

En cada relato que está perfectamente hilado con el anterior, Ignacio Roldán, no solo nos cuenta la historia de Juan de Dios y lo que le toco vivir por culpa de la mezquindad de unas personas, también nos muestra, que siempre de manera ineludible, donde hay oscuridad, hay luz... quizá solo se necesita dar la vuelta y encender el interruptor.

Quien sabe, tal vez descubran como yo que quizá debemos viajar a nuestra propia isla, para encontrarnos y conocernos....

El título al principio no me decía absolutamente nada, pero cuando terminé de leer y debo confesar que me conmovió mucho el final, entendí plenamente la razón del título, no porque fuera una gran disertación acerca de los personajes y como les va, sino justamente por lo contrario, con una sencillez apabullante, el autor le da un final muy hermoso, que resulta un cierre perfecto.

Éste es un libro que ya está entre mis favoritos, que guardaré en un lugar especial, donde seguro terminarán muy gastadas sus páginas, porque es de los que son para leerse varias veces.

Como ya lo imaginaron, recomiendo totalmente la lectura de esta obra literaria, les aseguro que no se arrepentirán y terminarán como yo, con un buen sabor de boca.



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El Diamante de la Reina. Critica Literaria

Enrique E. de NicolasPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 13:08:14

No sabría calificar esta novela de Mari Pau Domínguez. Podría hacerlo como novela histórica, pero no sería cierto al cien por cien. Podría hacerlo como novela romántica y me ocurriría lo mismo. Por eso, podríamos catalogarla como novela histórico-romántica, aunque sé que no es una catalogación posible. Por ello, creo que sería más acertado decir que es una novela romántica desarrollada en una determinada e importante época de la Historia de España.

Y creo que no es baladí el reinado de Felipe II, no ya sólo en España, sino en el mundo entero. Y es que, la protagonista de esta novela, Isabel de Valois, princesa de Francia e hija –nada menos- de Catalina de Medicis, tuvo que casarse –a la fuerza y con sólo trece años de edad- con el monarca más poderoso del mundo conocido, convirtiéndose así en su tercera esposa.

La narración emana belleza y lirismo, con un lenguaje sencillo para los lectores del siglo XXI y cercano –posiblemente- para cualquier lector del siglo XVI. Aunque la trama no esté acompañada de hazañas bélicas y conquistas, ni de crímenes, ni de malos malísimos, la autora logra crear un ambiente intrigante, inexistente en la mayoría de las novelas románticas, el cual produce en el lector un sentimiento de ternura hacia la princesa Isabel.

En esta narración, la protagonista absoluta es la mujer. Desde Catalina de Medicis, pasando por la protagonista, Isabel de Valois, hasta la última mujer plebeya del reino, son personajes de carne y hueso, con sus defectos y virtudes, con sus pasiones, amores y desamores… Personajes femeninos creados con esmero que nos hacen ver y entender la miseria y la grandeza humanas. Personajes femeninos enfrentados a los masculinos, que no son sino personajes secundarios y planos que no nos enseñan nada del otro mundo.

Mari Pau Domínguez le da –a Isabel de Valois- una humanidad a la que parecían no tener derecho aquellas mujeres que nacían como tales y que debían convertirse en reinas. Por ello, enfrenta a la persona de carne y hueso, representada en la reina de España, con todos los protocolos y costumbres de la corte española, constreñida hasta más no poder.

Agradablemente, mientras leía la novela y conocía cada vez más al personaje de Isabel de Valois, recordaba otro personaje de otra novela, también mujer, también reina, también llamada Isabel, cuya personalidad se asemeja; aunque más entregada a cuestiones de estado que la primera. Y no es otra que Isabel de Castilla, conocida como La Católica, tan bellamente recreada en la novela de Angeles de Irisarri, “Isabel, La Reina”. Mujeres ambas -a mi entender- adelantadas a su tiempo y con el firme propósito en sus vidas de crecer como personas, sin dar importancia a si algún día serán recordadas como las reinas que fueron.






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Presentación

Fernando BaróPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 13:05:49

Fernando José Baró (Madrid, 1966) Escritor. Anticuario.

Colaborador en las revistas literarias y los periódicos Letras de Cuenca (Cuenca), La Fumarola (Leganés), La hoja azul en blanco (Alcorcón), Lusones (Cuenca), Guadiela (Cuenca), el boletín literario del Café Gijón (Madrid), Portal del sur (Getafe) Al cabo de la calle (Getafe) y Horizonte de Letras (Alcorcón)

En Verbo Azul tiene publicado un breve ensayo sobre el desamor en 2004, En torno al desamor, más de 100 relatos en cuadernillos de Alcorcón, un libro de relatos presentado en la Feria del libro de Alcorcón en 2005, Nueva Residencia y otros relatos, y colaboración en un libro editado por el Café Gijón en conmemoración del IV centenario de la publicación del Quijote, El Quijote en el Gijón (2005) así como en el libro Madrid a Miguel Hernández (Desde el Café Gijón) (2012).

Asimismo ha colaborado en la Semana Cultural de la Villa de Gascueña (Cuenca) donde presentó la obra Historias de la Alcarria (2007) Ensoñaciones (2008) Venganza (2009) La dama inmóvil (2010) Retales (2011) Tomar partido (2012) El lado oscuro (2013) y Las arrugas del alma (2014). Dio el pregón de las fiestas de la Villa de Gascueña el verano de 2008.

Ha publicado también junto a otros autores conquenses el libro Gascueña, luz poesía y pensamiento (2008). En la colección Alcorcón a la imaginación de A.E.A Alfareros del Lenguaje ha editado Las arrugas del alma, 2014; Lujuria, 2015 y Rimas, 2014, este último bajo el seudónimo de José Terrón.

Con la editorial ENTRELINEAS vio la luz en 2015 El marqués de Alféizar, las memorias de un marqués decimonónico abrasado por la pasión de querer.

Fue premiado en Verbo Azul por la obra Ausencia de ti (2001) y finalista en el Primer Certamen Literario Verbo Azul por la narración Cambio de rumbo (2004).



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A JOSÉ QUESADA

Fernando BaróPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 13:03:10

A JOSÉ QUESADA

Admirado fue por Rueda

romántico en su poesía

triste y corta fue su vida

su obra no fue estrenada

su nombre José Quesada

Fernando José Baró

José Quesada Mas escribía obras de teatro en verso. Según el poeta malagueño Salvador Rueda, era una gran promesa de escritor. Tenía aprobado el estreno de su primera obra en el Teatro Lirico Nacional cuando se quito la vida pegándose un tiro con veintiún años.




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A Mariano José Larra

Fernando BaróPosted by Joaquin 09 Feb, 2016 12:55:25

Hoy te he soñado mi amor bajo el mirador sombrío

haciendo calor, sentí frío

un día después de la cita

vine a ver a quien recita,

recita y compone mejor.

Recordando su tormento y su muerte por amor

sabiendo que el impulsor

lo dijera o no lo dijo

ya sabe cualquier lector

que fue Dolores Armijo.


Fernando José Baró



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